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Protesta, que algo queda

Los que tenemos el corazón a al izquierda y al sangre roja somos unos auténticos plomos.

Reconozcámoslo, nos pasamos todo el día quejándonos. Que si esto se podía mejorar; que si esto otro es una engaño; que si lo de allá es xenófobo; que si lo de acullá no es ecológico. Que si las gasolineras; que si los pinos; que si los emigrantes; que si la corrupción. Que si esto no es democrático, que si golpes de estado en ciernes, que si nos privatizan, que si no nos dejan hablar

Siempre dale que te pego.

Hay que decirlo, somos unos plastas inaguantables. Una vaca en brazos.

Además ¿para qué? Si nunca conseguimos nada de nada. Nos ignoran, nos detienen, nos apalean, o nos encarcelan y hacen callar.

¿Siempre? Hombre, tampoco siempre. Hace un tiempo conté como abucheando (y otras cosas) se había salvado el emblemático Pinar del Rey de Hortaleza.

Hay miles de ejemplos, unos grandes y otros pequeños. Hoy quiero contar uno minúsculo, pero para mi significativo.

Resulta que hace un tiempo hice un curso de esos que paga europa para el reciclaje de trabajadores. Ya se sabe que los trabajadores somos basura y debemos estar constantemente reciclándonos. Pues bien, yo soy un obrero obediente y siempre que puedo me reciclo un poquito más.

El curso estaba organizado por la patronal; yo pido también los de los sindicatos, pero sólo me dan los de la patronal, no se porque. El caso es que en dicho curso en vez de manual repartieron unas fotocopias de las filminas/transparencias/diapositivas que iban pasando.

La gente estaba bastante mosqueada, pero por supuesto nadie abría la boca. Fui yo el que interpeló al formador, y posteriormente junto con dos (2) valientes a la coordinadora del curso. El resultado: nulo. El curso estaba ya aprobado así, el presupuesto, etc., etc., etc.

Pero resulta que tuvimos la suerte de que el penúltimo día apareció una inspectora de la Comunidad de Madrid, para pasarnos unos cuestionarios y tal. Por curiosidad aguanté un poco antes de contar mis penas. Mi intuición no me falló: los treintaipico compañeros de curso callados como tumbas.

Al final levanto la mano y le cuento mis nuestras quejas. Poco a poco la gente se anima y al final casi todo el mundo se pronuncia en el mismo sentido. Mira, por lo menos nos desahogamos.

Acabó el curso, y nos fuimos con nuestras fotocopias y sin nuestros manuales. Lo esperable.

Pero la vida da muchas vueltas, y ahora es una compañera del trabajo la que va a hacer el mismo curso organizado por la misma gente, pagado igual, al mismo sitio. Y resulta que, ahora si, les reparte un lustroso manual que, previa consulta en página especializada, tasamos en unos 40€ (menos el descuento por volumen que puedan conseguir).

Así que mira por donde 40 € X 30 alumnos euros menos que cada curso se quedan en los bolsillos de los intermediarios y que al contrario beneficiaran a los destinatarios de los cursos.

Moraleja: Protesta, que algo queda.

Pensamiento: Si los alumnos de la edición del curso anterior a la mía se hubieran quejado en vez de callarse…

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3 Responses

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  1. Miguel Ruiz says

    Eso es! Lo mismo hice yo en un curso del Fondo Social Europeo. En mi caso, se retrasaron con los manuales y otras cuestiones que afectaban al curso. En ete caso mi queja causó división de opiniones,pero o dudé en quejarme.

  2. R. Hortaleza says

    ¡ese es mi Cero! muy bien compañero, siempre hay que tocar los cojones, o mejor dicho, reclamar nuestros derechos.
    Por cierto, ¿unos padres quieren poner uniforme en el Cole de los pekes? Trankilo que este curso te llegan refuerzos :-)

  3. Reven says

    Siempre es bueno quejarse, aunque también trae problemas, pero a mi me resulta muy divertido.

    jaja



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