Este domingo hay “elecciones” (je, es un decir) en Honduras. Como sabrás hace ya 5 meses se produjo un golpe de Estado en el país centroamericano que depuso (y expulsó) al presidente hondureño. Los hechos, aunque se hayan tratado de emborronar lo más posible (por ejemplo se ha hablado de “presidente de facto” para hablar de Micheletti, el presidente golpista) están bastante claros, así que no voy a narrar aquí cosas que por otro lado tampoco conozco en detalle.
Sobre lo que quería reflexionar (que reflexionar es gratis y no hay que documentarse tanto como para contar) es sobre el papel de los EEUU es este golpe.
Los EEUU y el golpismo en América Latina son dos caras de la misma moneda. Se dice, no sin razón, que Cuba es el único país de América Latina que no ha sufrido golpes de estado en el último medio siglo porque es el único que carece de embajada de EEUU.
Para el vecino del norte los golpes de Estado siempre han representado la opción anterior a tener que mandar a los marines cuando sus intereses (geopolíticos y/o económicos) se han visto amenazados en su patio trasero. Con escasas variaciones esto se repite desde el Maine hasta el fallido golpe de estado en Venezuela del año 2002: más de un siglo de imperialismo yankee en América Latina, donde la lista de intervenciones directas o indirectas es interminable.
En el calor del golpe de Estado de Honduras se ha llegado a decir que el guión de este golpe de Estado era “de libro”, remitiéndose incluso al del 11 de Septiembre de 1973 en Chile contra el gobierno de Unidad Popular de Salvador Allende.
Esto es disculpable en el fragor del momento, pero también es muy poco riguroso. Es evidente que hay cambios sustanciales entre, sin ir más lejos, el golpe contra Chavez y este de Honduras de 2009 (sin tener que irnos al golpe de Chile de 1973, donde las diferencias sería aún más evidentes).
Por resumirlo mucho, antaño los EEUU no se molestaban en ocultar ni disimular la injerencia para favorecer sus intereses; reconocer y legitimar los gobiernos y apoyarlos económica, diplomática e incluso militarmente llegado el caso.
Ahora es muy diferente. Es muy dudoso un sincero compromiso democrático de los EEUU, evidentemente, pero tampoco estamos en la política del “big stick”. Si hay un golpe de Estado que elimina a un gobierno molesto y pone otro más dócil, pues tampoco van a llorar, pero al menos guardan un poco las formas y sueltan algo de retórica institucional-constitucional-garantista, o patrocinan acuerdos dudosos, y dubitativos.
Al final, la cabra tira al monte, y el (previsible) “resultado” de las elecciones del domingo será reconocido por los EEUU, pero algo ha cambiado.
Los historiadores siempre tienden a dividir cualquier época en tres etapas, la primera y la última con características diferentes y una intermedia de transición entre ambas.
¿Estamos asistiendo al final del Alto Imperio Americano (característica: virulento golpismo) y entrando en una fase de transición que culminará en el Bajo Imperio Americano (respeto de la soberanía ajena)? ¿O lo que ha llegado con Obama es un simple lavado de cara que terminará más pronto o más tarde?
Es difícil saberlo sin perspectiva, he incluso con ella puede estar sujeto a interpretaciones, pero yo si que veo cambios estructurales.
Por ejemplo ¿podrían los EEUU planear y dirigir otro golpe de Estado como el montó contra Allende perpetrando decenas de miles de asesinatos políticos hoy en día?
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Lo que ha habido es un cambio de táctica a una más efectiva, sólo hay que ver Chile. Con Allende provocaron un golpe de estado y se puso una dictadura. Con el tiempo cambiaron de táctica, en lugar de dictaduras que son descaradas y es fácil oponerse a ellas han preferido “democracias” bien controladas donde el cambio de izquierdas sea complejo, muy difícil. Eso es lo que hay en Chile ahora y eso es lo que ha pasado en Honduras. Lo difícil ocurrió, por lo tanto han tenido que reiniciar el sistema porque el pueblo eligió “mal”. No creo que sea un reflejo de que EEUU empieza a respetar la soberanía nacional, pero quizás sí de que ya no es una de las dos potencias hegemónicas (la buena), ni la única potencia hegemónica, sino que ya hay más dispuestas a pelear.
Creo que la participación directa de EEUU en el golpe de estado en Chile no fué reconocida oficialmente por los EEUU hasta pasado bastante tiempo.
Pero eso es de poca importancia. En el último año, el nobel de la paz que dirige el imperio ha apoyado un golpe de estado (Honduras), sostiene e incrementa dos guerras especialmente sangrientas (Irak y Afganistan) y mantiene casi 1000 bases militares por todo el planeta (7 que no estaban antes en Colombia más dos proyectadas en Panamá). Esto último sumado al reestablecimiento de la IV flota recientemente, sugiere algo evidente con sólo mirar un mapa.
No veo cambio alguno por ninguna parte.