Desmontando a Raimundo Viejo Viñas
A través de Hugo, y con el anzuelo de trincar un jamón llego a Escepticismo de la inteligencia, esperanza de la voluntad…, entrada del estupendo blog colectivo La Casa Roja donde Jorge Espinoso comentaba un texto de reciente aparición de Raimundo Viejo Viñas: ¿Refundar lo irrefundable? Razones para el Escepticismo.
Yo me había topado con el texto y había abandonado su lectura (mucho «interfase», aunque poco amigable), pero lo que me enganchó, a parte de la recomendación de dos «primeros espadas» como Hugo y Jorge, fue el «método» propuesto por este último. Desmontar el testo de Raimundo Viejo Viñas en párrafos numerados y que quien quisiera fuera comentado párrafo a párrafo. De esta forma, el texto a cobrado un valor enorme.
Ya he enviado mis comentarios a Jorge, que los incluirá en cuanto pueda, pero como ando algo corto de entradas con enjundia para mi blog pongo aquí mis impresiones siguiendo el esquema, aunque recomiendo vivamente ir a la entrada de la Casa Roja, donde estarán la totalidad de las aportaciones.
Mi aportación es la siguiente:
El movimiento y la izquierda: otra relación es posible
(I) A mediados de los ochenta, una nueva ola de movilizaciones brindó a mi generación la oportunidad de recuperar la iniciativa política en las calles tras el «desencanto» postfranquista. Fueron los años de la campaña contra la OTAN, el movimiento estudiantil del curso 1986/1987, la huelga del 14-D, las movilizaciones contra la Guerra del Golfo, la campaña contra el V-Centenario, etc. La ola se extendió de mediados de los ochenta a la primera mitad de los noventa y a pesar de no ser comparable a la ola precedente de los años de la transición, sirvió para que toda una generación se formase políticamente y consiguiese experimentar nuevas formas de hacer política. Seguramente el movimiento antimilitarista represente mejor que ningún otro lo positivo de
aquellos años. La desobediencia civil demostró que se podía articular una movilización capaz de incidir no ya sólo sobre las políticas públicas, sino sobre la propia estructura del Estado en uno de sus pilares fundamentales (la abolición del servicio militar obligatorio). A pesar de la moderación rampante que había seguido a la abrumadora victoria electoral del PSOE en 1982, hacer política desde la radicalización de la democracia era posible.
(I) Lo de que «toda una generación se formase políticamente y consiguiese experimentar nuevas formas de hacer política» entiendo que se refiere a toda una generación de activistas, porque la mayoría de la generación (mi generación), no era precisamente muy activa. El movimiento antimilitarista muestra las limitaciones de movimientos fuertes pero no «radicales» (en el sentido de ir a la raíz): Acabado el servicio militar obligatorio el movimiento se reduce a una fracción del que era, precisamente cuanto más intervencionista actúa nuestro gobierno. Luego la mayoría de la gente del movimiento no era «anti-militarista» sino «anti-mili», que es muy diferente, y mucho menos radical. Lo vemos ahora con el movimiento anti-guerra (de Afganistán). La gente era anti-guerra de Iraq, no anti guerra a secas. Los anti-guerra a secas somos, por desgracia, los mismos de siempre.
(II) Al mismo tiempo, en el contexto de aquella ola de los ochenta, se formuló una buena idea que nunca alcanzó a desarrollarse plenamente: el «movimiento político y social». IU eran sus siglas y no pocxs creímos en aquel proyecto con la rebeldía ingenua de la adolescencia y la convicción inquebrantable de que este mundo no es el único posible. Impulsada por la ola de movilizaciones, IU creció organizativa y electoralmente. Pero la ola no duró lo suficiente y en su fase descendente el proyecto inicial fue progresivamente abandonado.
(II) Creo que cuando se habla de «fase descendente» es imprescindible citar que la debacle político-organizativa-electoral de IU, a parte de destapar debilidades y contradicciones del modelo, viene dado por un brutal ataque exterior («la pinza») al que se unen con alegría la primera de las «expresiones» que menciona Raimundo Viejo Viñas en el párrafo (III).
(III) La crisis de IU se expresó básicamente de tres maneras. (1) El oportunismo del PDNI, Esquerda de Galicia (apropiación oportunista y españolista del Esquerda de Galiza original) y muchos otros que decidieron recolocarse a la sombra el PSOE y los grandes sindicatos, donde se está, sin duda, mucho más calentito que en las calles, los centros sociales okupados y otros espacios del movimiento sin calefacción. (2) El consevadurismo identitario y autorreferencial del PCE, que se negó a afrontar su fin histórico junto al mundo soviético y prefirió iniciar la larga etapa de autoafirmación contra las demás familias de la izquierda de la que todavía no parece haber salido. Y last but not least (3), la salida en cualquiera de sus dos sentidos -de vuelta a casa o hacia la política de movimiento- de un montón de activistas que transitaron por IU en sus años buenos (y entre los que se cuenta quien esto escribe).
(III)Sobre lo que dice del PCE, no creo que sea evidente para cualquiera que el PCE deba «afrontar su fin histórico junto al mundo soviético» y que esta afirmación se pueda deslizar sin ninguna explicación por parte del autor, al igual que requeriría algo de argumentación cuando habla de la «afirmación contra las demás familias de la izquierda». Personalmente no se a que se puede referir.
(IV) Para cuando llegó la siguiente ola de movilizaciones, IU ya no era un instrumento político, sino esa bizarra jaula de grillos que siempre ha conocido la generación altermundialista. La ola iniciada entre Chiapas y Seattle cogió a IU completamente fuera de juego, incapaz de dialogar con una eclosión sin precedentes de otras formas de hacer política y altos niveles de movilización social. Durante el periodo de movilización subsiguiente no habrá mejor evidencia, más real y más cruel para IU, que sus propios resultados electorales (la única herramienta con la que IU se ha querido medir hacia el exterior desde a primera mitad de los noventa). En este contexto de creciente aislamiento del movimiento real, IU irá de refundación en refundación hasta la refundación final.
(V) La ola altermundialista que se desplegó desde finales de los noventa a mediados de los dos mil ha sido un proceso que ha dejado tras de sí una rica experiencia a la par que ha consolidado un importante entramado institucional del movimiento: desde los centros sociales hasta los medios de comunicación alternativos, pasando por una constelación de organizaciones (sindicatos, colectivos, etc.) de distinto tamaño, temática y práctica política. En este sentido, el balance por la izquierda de la última década sin duda es mucho más positivo para la política del movimiento que para la política de partido. A día de hoy el activismo es mucho más fuerte, dispone de mucha más experiencia acumulada y está mucho mejor organizado que a mediados de los años noventa. Por más que los pesimistas de la razón no dejen sus quejas plañideras sobre la ausencia de masas en las calles, los optimistas de la voluntad saben que la multitud no se guía por las estructuraciones hegemónicas del modo de mando leninista. La multitud no se convoca con una circular del Partido, se invoca con el gesto que nace de la siempre difícil conjunción de fortuna y virtu.
(V) leyendo a Raimundo Viejo Viñas parece que el «activismo» es mejor únicamente cuanto más «experimentado» es, porque si los resultado electorales son malos, las «masas» no están en las calles y el «importante entramado institucional» creo que tampoco es tan glorioso... no veo la gran fortaleza de el «activismo» frente a la década pasada... y parece que insinúa, por la referencia a Maquiavelo con la que termina el párrafo, aunque sea un poco oscura, que hay que confiar en acciones de colectivos (¿o personas individuales incluso?) que mezclen fortuna y arrojo ¿Es una vuelta a la «propaganda por el hecho» anarquista del s. XIX? ¿Es que no hemos aprendido nada desde entonces?
(VI) No obstante, tampoco hay tanto como para ser triunfalistas. La política del movimiento apenas está dando sus primeros pasos y a pesar de su enorme potencia, la última década arroja interrogantes preocupantes sobre la capacidad de las redes de activistas para conseguir influir sobre los procesos legislativos y la estructura del propio poder soberano del que se escinden y al que se oponen. Mal vamos si la utilidad de las movilizaciones se ha de limitar a echar al PP del poder (o a impedir que vuelva) para que ocupe su lugar el PSOE. Los movimientos necesitan urgentemente un interfaz propio en el gobierno representativo o por el contrario serán víctimas de su propia incapacidad para hacer frente a la deriva neoliberal.
(VI) Coincido plenamente con los comentarios anteriores y sólo añado que este párrafo fuera de contexto parece que dice «¡La lucha esta en la calle y en el parlamento!» y «Si no existiera IU habría que inventarla» ;-)
(VII) Llegado este punto cabe cuestionarse si el interfaz representativo puede ser construido interactivamente con las organizaciones de partido existentes o si, por el contrario, ha de surgir de las propias redes activistas. A favor de la primera idea encontramos la genealogía común que comparten las organizaciones de partido de izquierda con las redes activistas en la política del movimiento. Aunque por la modalidad de institucionalización seguida hoy pueda costar identificar que en otro momento fueron organizaciones de movimiento, los partidos políticos de la izquierda se originaron en las diferentes expresiones de la política del movimiento (del movimiento obrero surgieron los partidos socialistas y comunistas, de los nacionalismos sin Estado los partidos nacionalistas, etc.).
(VIII) Históricamente fue el éxito del movimiento el que obligó al poder soberano a readaptar la forma-Estado para acomodar a las elites nacidas de las organizaciones del movimiento. Por medio de la conocida tesis sobre la «ley de hierro de la oligarquía», Robert Michels mostró ya a principios del siglo pasado las posibilidades de acomodación de las elites obreras. Desde entonces, este mismo patrón de acomodación se ha venido observando en diferentes países de maneras diversas. Las más recientes integraciones de aquellos partidos que se decían «anti-partido» serían el último capítulo de una misma historia (el caso más notorio vendría a ser el de Die Grünen en Alemania).
(VIII) Aquí nos hacemos un poco trampas al solitario, vale, «la ley de hierro» es cierta y tal y cual y pascual pero, como en el tema del movimiento antimilitarista ¿la gente esta contra el ejército o contra «la mili»?. En todo se da esto, para algunos, pocos, la lucha por un nuevo convenio es el primer escalón para tumbar el capitalismo. Para la mayoría es la lucha por el nuevo convenio es sólo eso, y cuanto tiene la pasta en la mano se van corriendo al carrefour a comprarse una tele de plasma y ver el fútbol, y eso pasa en todos los movimientos sociales (en menor o mayor medida). la clave de bóveda sería «resolver» si es que es resoluble, esto.
(IX) La crítica a esta primera modalidad de producción del interfaz representativo podría venir de la dependencia que estas organizaciones han originado respecto a sus propias trayectorias (lo que los politólogos denominan path dependency). Al fin y al cabo, vistas las experiencias que desde el movimiento se han hecho con estas organizaciones (a menudo marcadas por fuertes niveles de conflicto resultantes del recurso al poder soberano con una finalidad disciplinaria), no resulta extraño que las redes activistas (especialmente aquellas que han conocido la política de partido de primera mano) guarden una distancia prudencial respecto a los propios partidos políticos.
(IX) ¿En que idioma esta escrito este párrafo? en castellano no ¿verdad?
(X) En este sentido, quien desease reorientar su organización de partido hacia la función de interfaz representativo del movimiento habría de realizar una inversión nada desdeñable de esfuerzo en construir las relaciones de confianza necesarias. Y cuando decimos confianza no nos referimos a tejer redes de complicidad personal, sino a la seguridad que nace de las garantías de una procedimentalidad adecuada, transparente, debidamente institucionalizada. Desafortunadamente, en nuestro entorno inmediato no se observan indicadores significativos en este sentido.
(X) Esto me parece algo tonto. Es altamente deseable que se consume esa «procedimentalidad adecuada», pero pensar que sólo con eso los movimientos sociales se acercarán a este nuestro «interfaz participativo» :-o es un poco infantiloide, para empezar por su propia diversidad y en segundo por las rencillas no políticas que todos sabemos que existen en un mundo taaaaaaan pequeño, donde todo el mundo es «ex-» de algo o tiene cuentas pendientes desde 1939.
Una preguntita ¿en la arcadia feliz de la IU fundacional en la que participaba Raimundo Viejo Viñas se daba esa «procedimentalidad adecuada»? y si es así ¿porque no acudieron los mm.ss. en manadas?
(XI) La segunda modalidad con la que producir un interfaz representativo sigue la dirección opuesta a la anterior y parte de abajo, pero no para ir hacia arriba, sino para difundirse horizontalmente de acuerdo con el principio federal. Aunque de manera incipiente y a todas luces insuficiente, el zapatismo ha avanzado algunas ideas estratégicas importantes por medio de sus apotegmas «abajo a la izquierda», «caminar preguntando» y otros, su ejemplo práctico resulta todavía insuficiente en los contextos de las sociedades postfordistas. En la lógica categorial del eje vertical la legitimidad indudable que se gana de partir desde abajo y en ruptura desobediente con el poder soberano se expone a un pronto agotamiento si se insiste en repetir las fórmulas del pasado (desde el partido obrero de masas a la organización ideológica de vanguardia).
(XI) Es muy posmoderno tirar alegremente todo lo construido durante siglos de lucha a la basura sin alternativa clara, auque eso no quiera decir que la casa no requiera reformas y gordas.
(XII) Desafortunadamente, esto es algo que no parecen tener muy claro todavía los activistas de las organizaciones que aspiran a construir el interfaz representativo desde la política del movimiento. La matriz leninista de organizaciones tan variadas como la neotrotskista Izquierda Anticapitalista o los partidos independentistas que habitan algunos proyectos innovadores como las CUP constituye a día de hoy el principal impedimento para la producción del interfaz representativo. El cambio gramatical de nuestros días pasa por hacer definitivo el Good bye Lenin! y no por la explotación de la legitimidad que nace en la desobediencia con fines partidistas. La razón para ello es, si se quiere, paradójicamente leninista: el modelo consistente en transponer la organización fabril al partido de masas que tan bien funcionó durante el fordismo ya no está operativo en el mundo de hoy.
(XII) A ver ¿cómo es la fábrica hoy, en el postfordismo? si en Partido tiene que seguir la estructura de la fábrica ¿porque tenemos una estructura fordista?. No es Good bye Lenin! es Hello Lenin!
(XIII) Tras años de broncas, expulsiones y sectarismo, parece que IU se anima a salir por fin de su universo cainita y se dirige de nuevo a la sociedad. La propuesta sería enormemente esperanzadora de no tratarse de la enésima mutación de un mismo conjunto de problemas sin resolver. Y es que a juzgar por documentos e intervenciones, IU se encuentra lejos de configurarse como el interfaz representativo del movimiento que necesitamos. Antes bien, su «refundación» apunta más bien al agotamiento de un modelo abortado (el «movimiento político y social») y a la necesidad oxigenar una organización exhausta por su propia ineficacia. He aquí algunas razones para el escepticismo:
(XIV) 1. Un discurso ajeno a los cambios del mundo de hoy. A pesar de que en la última década se ha formulado un complejo y rico programa, IU no parece acusar recibo y se sigue moviendo en los márgenes conceptuales e identitarios de la llamada «izquierda transformadora»: la defensa (y no el rechazo) del trabajo, el feminismo de género (y no de su superación), la economía del crecimiento (in)sostenible y el industrialismo productivista, la relación con las tecnologías del (impresentable) canon digital, un republicanismo historicista y desconocedor de su propia teoría, el federalismo simétrico (EUiA frente a ICV), así como un largo etcétera que demuestra que IU sigue anclada en la programática obsoleta de siglo pasado.
(XIV) Lo siento, por aquí no paso, creo que el que tiene un «un discurso ajeno a los cambios del mundo de hoy» es Raimundo Viejo Viñas más que IU. Quizás en los ámbitos de discusión de teoría político, social y filosófico en los que se mueva Raimundo Viejo Viñas las taras de IU que enumera sean el pan nuestro de cada día de las charlas de café, junto con el temporal y el fútbol, no digo que no, pero aquí Raimundo Viejo Viñas peca algo (¡¡mucho!!) del «leninismo» hipervanguardista que criticaba antes. ¿Con ese retablo quiere construir un «interfase participativo» :-o que aune a los movimientos sociales realmente existentes? La potencialidad de IU es precisamente apartar (un poco) el tarro de las esencias y centrarnos en lo que une, en lo concreto, en el programa y no en condenar el «feminismo de género» frente al «feminismo de superación» (sean cuales sean las diferencias) cuando seguro que podrían caminar juntos mucho tiempo. IU no puede ser un lugar de programas máximos, o peor aún, donde se vaya en pos de la última moda académica para ser los más modernos del claustro.
(XV) 2. Un modelo organizativo centralista basado en la hegemonía, la unidad y las grandes estructuras profesionalizadas del gobierno representativo. Contrariamente a lo que piensa IU (y muchos otros), la fragmentación ideológica y organizativa no es un problema, sino una riqueza, el síntoma del decrecimiento político. Sin embargo, IU persiste en operar dentro de un marco monista (el mito de la «unidad de la izquierda») aspirando (en vano) a encuadrar el pluralismo del movimiento en una organización centralizada.
(XV) Muhahahahahaha (es la risa malvada de super-villano, me la enseñó Javi) Lo siento, lo de «modelo organizativo centralista» como problema de IU me parece un chiste de Eugenio: «saben aquel que diu que IU tiene modelo organizativo centralista» (Risas). Si hubiera dicho «IU es un puto reino de taifas, una gallina sin cabeza, donde cada uno hace lo que le da la más absoluta gana y cada asamblea de barrio no sabe que hace la de al lado» habría dicho «Coño, lo ha clavado, un poco crudo pero tiene razón», en fin...
Todavía no he acabado de leerlo, así que espero impaciente como va conjugar el «interfase representativo» único con la «fragmentación organizativa» ¿o es que serán «interfase representativo» plurales y fragmentados?
(XVI) Como si todavía estuviese en vigor la fábrica fordista, IU sigue enfrascada en la idea de que es posible recomponer un centro de coordinación y decisión bajo su liderazgo (el del PCE). Lejos de haber entendido que la lógica de la representación opera desde la ley electoral (que IU no podrá cambiar) y que, por ello mismo, la unidad sólo se ha de formular en los términos tácticos de obtener los mejores resultados, IU se empecina en articularse como un proyecto homogéneo y homogeneizador sobre un territorio que no lo es.
(XVI) Raimundo Viejo Viñas sigue desconociendo totalmente la realidad de IU. De todas formas es cierto que yo debo de ser muy poco posmoderno, creo que la unidad, y de mucha gente, es la forma de hacer cosas grandes (en cuanto a importantes), Raimundo Viejo Viñas parece que no opina igual y lo respeto, de hecho lo dijo en el párrafo (V) con ese rechazo a «las masas» y ese canto a «el gesto que nace de la siempre difícil conjunción de fortuna y virtu.»
(XVII) La propuesta de IU sigue guiada por la reductio ad unum, por la erradicación de la diversidad mediante la producción del consenso hegemónico. Como se apunta en su documento sobre la «convergencia» (noción que es todo un síntoma en sí misma) el pluralismo es sólo una fase temporal previa a la asimilación de la diversidad exterior. Incluso aunque haya gente participando ingenuamente en el proceso, su único objetivo es ampliar la hegemonía del PCE a un nuevo círculo concéntrico. Significativamente, no se plantea la disolución del hegemón de la izquierda española (el PCE) a fin de crear un interfaz donde cada activista sea libre e igual.
(XVII) Más de lo mismo: prejuicios, manipulaciones y/o desconocimiento extremo de la realidad de IU
(VXIII) 3. La participación entendida como plebiscito, no como procedimentalidad democrática. En las ocho páginas del documento Guía para la refundación de la izquierda no se dice nada sobre los procedimientos que han de guiar los espacios de interacción con el exterior. Un solo ejemplo: se hartan de hablar de acabar con la discriminación de la mujer, pero no concretan ni la paridad más elemental. Tampoco se brinda una sola indicación sobre los mecanismos de rendimiento de cuentas y responsabilidades. En buena lógica, participar en este proceso, incluso aunque se coincida con los contenidos ideológicos, es como firmar un cheque en blanco a una organización que ha demostrado -por activa y por pasiva- una incapacidad notable para interactuar con el movimiento fuera de relaciones de dominio (la hegemonía gramsciana mal entendida)
(XIX) 4. El burocratismo sigue marcando por completo el funcionamiento de IU. Contrariamente a la apertura del proceso constituyente, de algo nuevo que exigen las circunstancias actuales, IU opta por un control administrativo del proceso (página 4 de su guía). En rigor, la «refundación» de IU propone los foros como espacios para detectar la realidad externa que se les ha escapado en los últimos lustros sin la menor intención de aplicarse las responsabilidades políticas derivadas de su intervención en todo este tiempo. Se trata de proyectar la organización hacia el exterior como una estrategia de diagnóstico, agenciamiento y captura de la sociedad que se mueve. Incapaz de afrontarse críticamente, IU ofrece tan sólo la mano tendida de la palabra huera, el procedimiento administrativo centralizado y la pluralidad inexistente de su interior.
(XX) 5. Nacionalismo español. Acorde con la lógica de la reductio ad unum, se sigue reconociendo «España» como referente nacional de la totalidad de la ciudadanía, sin alternativa para las subjetividades que reniegan de la identidad nacional(ista) española. Esto, que de por sí ya es problemático para la ciudadanía en su conjunto, lo es tanto más para sus bases potenciales (el rechazo a eso que se llama «España» aumenta exponencialmente hacia la izquierda). En lugar de reconocer que el espacio a representar es hoy una realidad segmentada, compleja y asimétrica (para la que un modelo confederal seguramente es la única y última oportunidad de articular su territorialidad), IU persiste en salvar «España» de su fracaso histórico como Estado nacional.
(XX) Aquí la vuelve a clavar ¡Nacionalismo Español! un fiera ¿qué será lo siguiente? ¿Cuentas excesivamente saneadas? ¿Excesiva presencia mediática? ¿Exceso de mujeres en cargos políticos e institucionales? ¿Hiperactividad de las asambleas de base? ¿Media de edad de la militancia demasiado baja? ¿Exceso de formación? jajajaja. Vale, Raimundo Viejo Viñas no esta dentro de IU y alguna cosilla se le puede escapar, pero ¿no lee periódicos? ¿En que cueva forrada de carteles de mayo de 68 ha estado los 10 últimos años?
(XXI) 6. IU sigue sin reconocer los efectos del neoliberalismo sobre la composición social del activismo (no sólo de clase, sino de género, origen, cultura, etc.). Su proyecto sigue (re)fundándose en la centralidad de la figura del trabajo asalariado estable, masculino, nacional, etc. En lugar de replantearse las estructuras de dominación que dice aspirar a combatir se decanta más bien por reproducirlas en su propia realidad organizativa. Sus planteamientos no rompen de manera explícita con las políticas conniventes de los grandes sindicatos, ni cuestionan los roles de género, el españolismo rampante, etc. Paradójicamente, aspiran a abrirse a un exterior donde esta crítica ya se ha realizado (muchas veces desde IU, contra IU y hacia fuera de IU). Tal es el acervo del movimiento.
(XXI) Vale, esta es una crítica inteligente. Si escribe algo con propuestas (reales) para cambiar esto aplaudiré con las orejas, porque yo no tengo recetas.
(XXII) Así las cosas, no parece que la refundación vaya a darnos muchas alegrías. Menos aún a servir para construir el interfaz representativo que urge a la política del movimiento. Mientras no se tomen en serio cuestiones como la disolución de los partidos dentro de IU, la procedimentalidad democrática, la aceptación de la disidencia, el principio federal, la autonomía social y demás factores intrínsecos a la producción del interfaz representativo, poco más cabe esperar que una pobre ampliación del círculo de la IU del PCE.
(XXII) Resumiendo, como conclusión ya sabemos que «el interfaz representativo de la política del movimiento» :-o, es deseable, pero no va salir de IU. ¿De dónde entonces? porque en, digamos, treinta años el propio movimiento (suponiendo que sea una cosa única y homogénea) no ha podido parir «el interfaz representativo de la política del movimiento» :-o entonces ¿tiramos la toalla? ¿Damos deportivamente la mano al rival y nos vamos a casa? ¿O intentamos apoyar con todas las prudencias que se quieran a quién trata de hacer algo, por torpe que sea?
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9 comentarios
hace 2 años y 4 meses
ja.
¿reinos de taifas
¿sabe a quien pertenece ese discurso? pues sí, a los defensores de la unidad del destino en lo universal.
así, así, a seguir la estela de doña Rosa Díez, que miles y miles de izquiedistas esperan ese disurso.
mire, no vale la pena. Don Raimundo tiene razón y se la vamos a dar muy pronto.
Por desgracia.
hace 2 años y 4 meses
A mi rosa no me ha pedido royalties por ese discurso, así que no debe ser suyo...
hace 2 años y 4 meses
Pues a mí me parecen acertadas algunas de las críticas de don Raimundo (aunque su prosa me parece bastante infumable) y también algunas de las contestaciones de ceronegativo.
Resumiendo: lo de la refundación no lo veo claro... pero lo que tampoco veo nada claro son las virtudes del difuso movimiento que defiende don Raimundo. Por supuesto que hay muchos colectivos muy admirables, pero ¿qué han conseguido? Poca cosa. Muy poca. Creo que muchos de los que critican a IU desde la «izquierda alternativa» usan una doble vara de medir. Para IU, usan la vara de medir de la realidad... y para sus propios colectivos, movimientos, etc., la vara de medir de las buenas intenciones.
hace 2 años y 4 meses
Red: Coooooño, que gran reflexión, me la apunto y me la apropiaré como mía XD
hace 2 años y 4 meses
coño, yo también me apropio de Red.
Es más, de hecho, yo estoy en IU (en la IU que también ha construido los de IA antes de hacerse críticos exquisitos).
Pero las críticas de quienes se creen llamados a construir la izquierda en torno a su propio ombligo no invalida los argumentos por grande que sea el ombligo.
hace 2 años y 4 meses
En eso también tiene razón, don mitxel. Sin embargo, la conclusión de don Raimundo es no contar con IU como representante político de los movimientos alternativos. Las críticas están bien, pero la conclusión es lo que no veo claro. Si evaluamos equitativamente las fortalezas y los problemas de IU y de los movimientos alternativos, creo que las conclusiones pueden ser distintas. IU tiene que ponerse las pilas, y desde fuera (si quieren una representación política, cosa que don Raimundo, creo que acertadamente, considera deseable) deberían ayudar.
En fin, que no creo mucho en la famosa refundación, que quizá sea sólo una estrategia de los mandamases de IU... pero desde fuera, desde los colectivos que creen en otro mundo posible, sí creo que en lugar de decir ¿refundación? ¡bah, patrañas! deberían decir: ¿refundación? vale, os tomamos la palabra... y a ver si estáis a la altura.
hace 2 años y 4 meses
Red: ese es el espíritu!!
hace 2 años y 4 meses
otro espíritu?
como el de ermua?
pues yo prefiero una IU sin fantasmas.
hace 2 años y 4 meses
Anda que no es usted difícil ni ná, don mitxel.
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