Me cuenta una compañera de trabajo entre risas el sofoco que se ha llevado su hijo de diez años cuando se le ha declarado un amigo de la pandilla del colegio.
Ha sido algo como “me gusta tu sonrisa, me gusta como te ríes… bueno, me gustas tú”. El chaval, que si hay que hacer caso a su madre es de natural tímido, no sabía donde meterse pero le ha explicado de buenas maneras “que el no es gay”, y luego toda la pandilla (parece ser que lo sabían todos menos el interesado, como manda la tradición) se ha ido a jugar al baloncesto.
Me da vértigo ver todo lo que ha avanzado la sociedad en unos años. A pesar de que haya padres o abuelos que se aferren a lo más feo del pasado, la rueda no se para. Cuando yo estudiaba ni el hijo de mi compañera ni su pretendiente hubieran actuado con semejante naturalidad.
Llamame iluso, pero creo que en cuanto la generación que ahora esta en la escuela vaya creciendo la homofobia va a ser una expresión de una cultura extinta que se estudiará con la misma mezcla de fascinación y repulsión que los sacrificios humanos masivos en la mesoamérica precolombina.
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Me ha encantado el relato. Son geniales esos niños, bien por ellos!
Genial! Si no te importa, lo pongo en el blog del Área de Libertades Sexuales de IU-CM! Un abrazo
àngels: la Historia es genial, la verdad es que no veía el momento de compartirla.
alberto: Por supuesto alberto, ni que lo preguntes hace falta
Yo también creo que es imparable, es increíble lo que se ha normalizado la cuestión en muy poco tiempo. Genial anécdota.
bah, bah, bah… Eso debe ser porque llevas a tus hijos a escuelas de esas públicas. En una escuela como “Dios manda” estas cosas no pasarían, y si pasasen, serían convenientemente castigadas, se alentaría a los compañeros a hacer mofa del “mariquita” y a excluirlo. Madre de Dios! Qué necesaria es nuestra Espe…!
error error iñaki, los hijos de mi compañera no van a escuela pública precisamente… y hasta aquí puedo leer.
Por lo poco que he leído de la historia de Roma y Grecia, ese tipo de conductas eran totalmente habituales e, incluso, motivo de prestigio social.
Basseta: Mi instituto no se parecía a la Grecia clásica precisamente
¿Y no os parece que 10 años es una edad tempranísima para estas historias?
Yo desde luego pensaba en ochenta historias menos en estas, creo que productos de la sociedad tan “moderna” en la que estamos.
El tema de la desaparición de la homofobia me parece muy bien, pero va a conllevar otros problemitas, como emparajamientos a la hora de dormir en excursiones o en duchas.
En fin, soy de otros tiempos…
Efectivamente, eres de otros tiempo, johnes. Yo con diez años también me daba besitos con mi amiguita del cole y no se ha roto el mundo.
Ojalá tengas razón, aunque quizá sea ser demasiado optimista.
Un saludo
Ojola fuera tan optimista. La anécdota preciosa, pero no tengo nada claro que sea lo general.