11 palabras
Los niños son egoístas. No se si por naturaleza, por necesidad o por aprendizaje, pero lo son. No soy ningún experto en niños que se diga, más allá de que intento sacar para adelante a dos, pero me da que este egoísmo debe formar parte del desarrollo de su personalidad o ser sencillamente una evolución que facilita la supervivencia.
El tema tampoco es especialmente grave: puede ser desesperante en algunos momentos, y te puedes llevar algún bochorno en el parque, pero según van cumpliendo años los niños algo aprenden y algo les consigues enseñar.
Y así van formando su personalidad, entendiendo que hay un mundo lleno de gente fuera, que no es un decorado, que existen otras personas con sentimientos que puedes herir, con las que pueden empatizar.
Y un día hacen algo que no esta bien, se arrepienten y piden perdón. Entonces sabes que han pasado de una fase a otra, que son un poco menos niños y algo más adultos.
Pero además de egoístas los niños son grandes imitadores, eso si que tengo claro que es una tendencia innata que les permite aprender lo necesario para sobrevivir, también en el mundo social, que es su medio ambiente.
El borbón me confirmó ayer que esta justo en esa fase. Como niño malcriado nunca ha superado su egoísmo infantil. Vive en un mundo que gira a su alrededor donde toda persona, animal o cosa esta puesta ahí para satisfacer sus caprichos.
A raíz de la que se ha montado al saberse de sus correrías en Botswana para matar elefantes y sus circunstancias ha recibido la primera bronca de su vida, y ha reaccionado como los niños: pidiendo perdón, que es lo que los niños observan que se hace en estos casos, aunque ni lo sientan ni lo entiendan, como el Rey a los setenta y pico.
Ahora ya no, pero cuando eran más pequeños mis hijos también se aprendieron de memoria estas once palabras: «Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir» y las soltaban cuando la cosa se ponía dura.
Claro, les preguntabas «¿Qué no volverá a ocurrir?» y te venían a decir «pues eso, lo que sea que te ha enfadado tanto», que seguro que es lo que pensaba el rey mientras miraba a cámara con esa carita de niño viejo que no entiende porque las cosas son tan raras y complicadas en el mundo de los adultos.
Pobre, los críos lo pasan mal en esas fases, aunque es necesario para su desarrollo.
Dicen que nunca es tarde, quizás estamos a tiempo de hacer del borbón una persona completa y desarrollada que pueda vivir su vida de forma plena y autónoma, aprender valores y asumir responsabilidades. Sólo es cuestión de educarle entre todos, estoy convencido de que cualquier ser humano tiene capacidad de lograrlo.
La educación de los niños, de cualquier edad, es responsabilidad de todas la sociedad ¡apadrina un borbón!




1 comentario
hace 1 año
Lo único que ha hecho es pedir perdón, aunque eso de «no volverá a ocurrir» yo me lo tomé como no volveré a reinar, pero parece que no está por la labor...
Escribir un comentario
Si quieres añadir tu comentario a esta entrada, simplemente rellena el siguiente formulario:
Puedes usar estas etiquetas XHTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>.
1 trackback
Para notificar de una mención en tu blog a esta entrada, habilita la notificación automática (Opciones > Discusión en WordPress) o especifica esta url de trackback: http://ceronegativo.net/2012/04/19/11-palabras/trackback/