Canal de Isabel II: Victoria
So don't you surrender
Cause sometimes salvation
Is in the eye of the storm
Ganamos. La Comunidad de Madrid renuncia a la privatización del Canal de Isabel II «por ahora», nuestra agua seguirá siendo nuestra.
No hemos ganado la guerra, de sobra lo se. Los ejércitos enemigos sólo han perdido una batalla y se han retirado a sus cuarteles de invierno a lamerse las heridas donde siguen amenazantes esperando retomar la campaña con la primavera.
Solo una batalla, no la guerra, ya lo se.
Pero suena tan bien: Victoria.
Victoria.
Déjame que lo vuelva a repetir... Victoria.
Decir la palabra victoria es siempre reconfortante, pero más cuando lo que uno suele decir es: resistencia, lucha, retroceso, defensa... y todos los sinónimos que trae el castellano de serie.
Pero hoy toca victoria (victoria, victoria, victoria).
Igual que de las derrotas, de las victorias hay que saber aprender, para que ocurran más a menudo: En primer lugar indagar en las causas.
Es evidente que la lucha contra la privatización del agua en Madrid ha sido el frente más activo de oposición a las políticas del PP durante años. Luego vendría la «marea verde» y otras, pero la marea azul lleva tiempo amenazando los castillos de arena de Aguirre y cía.
¿Qué ha provocado esto? Pues un clima político y social en el que un hipotético comprador del Canal de Isabel II tiene que sopesar muchos contras. Los «pros» están muy claros: negocio lucrativo, ya funcionando, sin competencia, a precio de ganga y con público cautivo.
Pero hay que añadir a la ecuación nuevas variables: el descrédito de verse asociado a semejante robo, la posibilidad de que un mínimo cambio político pudiera dar con el golpe al traste o incluso de que lo hicieran los propios tribunales, ya que la legalidad del expolio es, como mínimo, dudosa.
La consecuencia es clara. Los compradores, que los habrá a patadas para semejante perita en dulce, han dicho «vale, compro, pero por 100 no, que la cosa no esta muy clara, por 25.» Y el PP de Madrid, que querrá pasta fresca para poder descolgarse el día antes de las elecciones con algo que inaugurar, tipo una estación de metro en medio de un solar desierto, habrá echado cuentas y visto que con lo que le dan no le llega ni para un bonobús.
También hay que sacar enseñanzas: que si se lucha se puede ganar; que ya no estamos en los tiempos donde podía venderse la funeraria municipal madrileña (otro monopolio similar) por un euro y que no pasara nada; que no importa lo fuerte y arrogante que parezcan los malos, siempre hay un flanco débil y que como decían los Black Crowes «No te rindas, a veces la salvación esta en el centro del huracán»
Pasaron, y Madrid no pudo ser la tumba del fascismo, pero quizás el Canal de Isabel II pueda ser la tumba de Esperanza Aguirre, o al menos el primer clavo de su ataúd.
A hora, para celebrar la victoria (victoria, victoria, victoria), música de victoria, melancólica, pero de victoria.





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