Al final me va a tener que caer bien Ahmadineyad y su república islámica
Irán como ente abstracto me deja bastante frio, gélido. Desde lo político-ideológico me considero en las antípodas de la dictadura teocrática de los Ayatolás, que enterraron a sangre y fuego con su revolución islámica la revolución iraní previa, democrática, social, laica, tolerante, pacífica y avanzada. Para ilustrar esto último un rápido repaso de «Persépolis» de Marjane Satrapi es claro. Los míos son los comunistas iraquíes que derrocan al Sha y que descansan en las fosas comunes donde los entierra Jomeini, la versión oriental de nuestras cunetas de los años treinta.

Antes de ayer se produjeron dos hechos muy definitorios del mundo actual, concretamente sobre las guerras contemporáneas, sus razones y sus justificaciones.
Soy un sentimental, no lo puedo evitar. No se si se me nota, pero soy un sentimental.



