¿Es posible otro modelo de negocio para el fútbol?

En el debate acerca del fútbol iniciado por el Hijo Rojo, animado por viul y que continuó en este blog (El fútbol es el opio del pueblo) se suma ahora desde Murcia JL (Organizando la Respuesta), con su entrada ¿Es el fútbol contrarrevolucionario?.

Por cierto, por el debate se ha pasado Inés Sabanés que nos ha descubierto aspectos muy jugosos de su pasado. Inés ¡Quiero tu foto con la checa en pleno «fregaó» para publicarla en exclusiva! ¡Después de contar la anécdota ahora no nos puedes dejar sin la parte gráfica!

Volviendo al tema, JL critica mi visión de los equipos de fútbol como meras sociedades anónimas. Para él una metáfora más acertada sería la de «grupos de música».

Camarada, creo que si lo piensas verás que eso no se sostiene ¿pueden los jugadores de un equipo autodisolverse, por ejemplo, como los de un grupo de música? Evidentemente no. En el capitalismo neoliberal que sufrimos todo, incluyendo fútbol o música (deporte y cultura) esta mercantilizado, pero hay grados y formas.

Y claro que hay quién puede tener una vinculación emocional con un equipo de fútbol… como con una empresa o con la Iglesia, pero eso no cambia que la «jerarquía» es la que es. Y todas esas organizaciones (de hecho, cualquiera) tienen su «historia» y su «cultura», faltaría más. Creo que eso no cambia las cosas en absoluto.

Y el carácter «deficitario» de los clubes de fútbol que acertadamente señalas no apoya tu tesis sino todo lo contrario. La iglesia también es fuertemente deficitaria y todos los que pagamos impuestos la mantenemos queramos o no. Y eso, claro, es debido a su carácter de pilar superestructural del sistema.

Los equipos de fútbol son deficitarios gracias a la LaLiga pero da igual porque a través de ellos se narcotiza a la gente; y de paso se hacen negocios fabulosos (ver Real Madrid) o se entra en política (Ver Atlético de Madrid y otros muchos). También hay periódicos deficitarios, pero si se logran prebendas públicas gracias a ellos, bien invertido esta el dinero. Por tanto, sigo sosteniendo que los equipos se comportan y tienen funciones, no sólo de sociedades anónimas, diría más, incluso de «mini-religiones» (en su sentido estructural).

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