Recuerdo de personajes históricos: Santiago Carrillo

Pocos podían eclipsar el (¿definitivo?) chou de Espe. Tristemente este tuvo que ser el último servicio (en el penúltimo estuve presente) de un viejo camarada, Santiago Carrillo.

Santiago Carrillo fue una figura tan grande y polémica como longeva. Ningún otro ha estado influyendo de forma tan importante en la Historia de España del s. XX como el: desde los años treinta del siglo pasado hasta antes de ayer.

Toda figura tan grande y de trayectoria tan dilatada [creo que sólo le quedaba por batir a Pepy II, faraón de la VI dinastía, que dicen que reinó 94 años] tiende a pasar por varias fases no necesariamente homogéneas y coherentes entre ellas, y Carillo es un ejemplo de libro.

Hablando de Carrilo es común la expresión «luces y sombras». Para la derecha las luces son su papel en la transición y las sombras su mucho más que dudosa participación en la saca de Paracuellos, sobre la que no hay ningún tipo de indicio histórico por más que le pese a la cansina historiografía franquista y a sus voceros.

Desde la izquierda la feria se ve muchas veces al contrario: lo que suscita admiración es el Carrilo antifascista y antifranquista. No hay pega con el defensor de la legalidad republicana, de Madrid de España y del mundo libre frente a los mercenarios moros e italianos, los falangistas, los militares traidores y la Legión Cóndor. En cambio su papel en «la transición» (o restauración borbónica, como se quiera llamar) ya suscita más controversia, llegando en el extremo a utilizarse palabras gruesas como «traidor».

Yo coincido plenamente con lo primero: La defensa del mundo libre, España y Madrid frente a la barbarie por su pueblo junto a voluntarios de toda España y a las Brigadas Internacionales, en el que Carrillo tiene un papel destacado, es una de las gestas más épicas no ya de nuestra atormentada piel de toro sino de toda la Historia.

Gesta de la que por cierto nunca hay que evitar hablar: por su propia dimensión y por el pesado manto de ignorancia y franquismo que cubren estos hechos.

Se fue uno de los nuestros.

Que la tierra te sea leve camarada.

De 1939 yo distingo dos partes, antes y después del 77.

En mi modesta opinión la mayoría de las «sombras» de Carrillo estarían en la primera parte. Se sigue con la heroica lucha antifascista del PCE en solitario durante cerca de 40 años, pero muchas cosas se podrían haber hecho mejor, y estoy pensando en la condena del «Monzonismo» o de Semprún y Claudín… todas esas purgas cainitas estúpidas, y otros episodios aún más oscuros, que emanan de lo peor de nuestra tradición y que nunca han hecho más que debilitarnos.

Cargar esto exclusivamente sobre las espaldas de Carrillo es tan ciego como injusto. A parte del concurso necesario de mucha otra gente como por ejemplo La Pasionaria, no me atrevo a decir que si hubiera estado allí no lo hubiera hecho incluso peor.

Sobre la etapa final tengo la ventaja de poder hablar desapasionadamente. Comencé a militar en los años 90 y Carrillo siempre ha sido para mi parte de la Historia y no del presente de la Izquierda. Visto a posteriori creo que es claro que se equivocó reiteradamente. Lo principal que le achaco, que debilitara (de buena o mala fe, eso da igual) a la clase y su organización lo mantengo.

Ahora que se ha ido le reprocho otra cosa: creo que es imposible que no viera en vida, lúcido hasta el final, la deriva del PSOE y por tanto su inmenso inmenso inmenso error reforzando una de las patas del régimen y debilitando la alternativa. Que no hubiera asumido sus errores en sus últimos años, y hubiera tratado de repararlos mientras aún podía, y que en vez de esto hablara de proyectos esotéricos creo que es de un «mantenerlo y no enmendarlo» que no corresponde a alguien de su talla.

Por lo demás, o aún así, lo tengo claro: se fue uno de los nuestros.

Que la tierra te sea leve camarada.

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